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Entre la bruma encontramos una solitaria figura en medio del escenario. Baila al son de una inaudible melodía mientras el foco de luz persigue sus gráciles movimientos, se desliza sobre las tablas y apenas hace ruido al moverse, una danza silenciosa envuelta por la bruma que rodea el lugar.

La figura femenina sigue danzando, su espesa cabellera azabache se mece al ritmo de sus giros  y la luz que incide sobre ella se refleja en la pálida piel. Su rostro esta oculto tras una nívea máscara de semblante lloroso, transmite una profunda tristeza, pero junto al halo misterioso del lugar y su danza dotan a la escena de un tinte mágico donde tristeza y soledad se unen para crear algo bello, algo digno de admirar.

El público esta sin habla, contiene la respiración a cada paso que da y en sus ojos se refleja el anhelo de que la función no termine. Pese al silencio del lugar en sus mentes resuena una melodía, una melodía distinta para cada asistente, pero todas encajan en la sutil danza que se representa, una melodía distinta y, a la vez, universal.

La figura ralentiza sus movimientos hasta llegar a detenerse, alza una mano y se quita la máscara al tiempo que vuelve la cabeza, muchos esperan sin aliento ver su rostro, pero la espesa cabellera vela su rostro dejando solo visibles unos carnosos labios.

http://fc00.deviantart.net/fs71/f/2012/140/e/9/mask_dance_mist_series_1_by_luftdrache-d50f0uv.jpg

Alza el rostro hacia sus espectadores y estos se sorprenden al ver una nueva máscara cubriendo el rostro, una máscara muy parecida, pero con leves diferencias.

“Al final la máscara siempre es la misma, por mucho que te deshagas de ella al final siempre vuelve forjarse”

Las palabras resuenan entre el publico, poco a poco la bruma empieza a cubrir el escenario y el baile prosigue. Unas gotas de sudor aparecen en su cuerpo, le cuesta mantener la gracilidad de sus movimientos, ve el deseo del público de que continúe con la función, una función que no quiso empezar y que no sabe como acabar, pero se debe a ellos, pues sin ellos no estaría allí.

No supo cuanto tiempo bailó pero  agradeció cuando sus fuerzas la abandonaros y desfalleció en medio del espectáculo, entonces, el foco se apagó y lentamente el publicó se marchó mientras su cuerpo yacía en tumbado sobre las tablas.

Al cabo de un rato se levanto y desapareció en la bruma, pronto volvería a actuar, necesitaba preparar sus rostros otra vez.

“Distinta mascara para distinto público, pero la misma función y el mismo final”

Era una noche calurosa, pero  sentía frio en los huesos y pese a la luz de la luna que se filtraba por la ventana, la oscuridad se cernía sobre ella. Sentada en la mesa de la cocina con la cara enterrada bajo sus brazos ahogaba su llanto, y sobre mesa de roble salpicada por las lágrimas, había montones de monedas de oro esparcidas y una nota:

“Querida madre,
Hace tiempo que me hallo perdido, sin saber que rumbo tomar, soy consciente que mi vida no ha sido tan dura como otras, pero nunca he llegado a calificar mi existencia como feliz. No pocas veces he llegado a anhelar mi muerte pues no encuentro razones para vivir, pero al no hallar tampoco razones para morir seguí adelante, más que seguir, me dejé llevar, cual naufrago que se agarra a una madera flotando mientras le arrastra la corriente. Esta es la ultima tabla y he decidido remar, no se hacia donde, pero si voy a ahogarme quiero ser yo mismo quién lo decida.
Sé lo que has invertido en mi y por ello prometo que, antes de decidirme a hacer algo voy a devolverte tal suma. Encima de la mesa he dejado el primer pago. Considéralo una cuenta atrás, cuando lo pague, consideraré la deuda como saldada y no sentiré remordimiento alguno cuando decida que hacer con mi vida.
El final no esta decidido pero la cuenta  atrás empieza ya.
Atentamente,
El chico de la eterna sonrisa ”

Tras leer la nota había ido corriendo  a la habitación de su hijo confiando que fuera una broma de mal gusto, pero no estaba y parte de su ropa tampoco, cuando se dio cuenta de lo que ocurría volvió a la cocina y descargó su rabia golpeando la bolsa de oro contra la mesa, reventando las costuras y provocando una lluvia de áureas piezas  resplandecientes y luego lloró.
Caída la noche sus ojos enrojecidos estaban secos pero el llanto cubrió la noche, en algún lugar bajo ese mismo cielo su hijo acaba de empezar su viaje y ya estaba perdido…

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Nota: Esta es una pequeña introducción a una historia que llevo algo de tiempo incubando, solo que me ha dado por soltar este pequeño texto. Creo que es bastante susceptible a recibir cambios y retoques (esta poco elaborado sin demasiadas descripciones ni nada), solamente queria empezar ya a poner algo a modo de introducción a la historia, el viaje de alguien sin un objetivo concreto y marcado por una cuenta atrás.

 

Además de estrenar el cambio de look del blog, espero que facilite la lectura

Otro reto aleatorio, con la condicion de centrar la historia de sant jordi en una fiesta en la playa, aprovechando que ya tenía el dibujo de este año he hecho my adaptación:

Tonh desfondó el barril de cerveza, era el quinto desde que se había puesto el sol, llenó varias jarras y se las tendió a Iv, la camarera, no sin antes echarle una ojeada a su  generoso busto, a lo que ella respondió agitándolo un poco.

-          Miralas todo lo que quieras pero yo se quien te gusta – dijo arrastrando las palabras en tono burlón y movió la cabeza señalando una mesa. Allí estaban sus amigos y entre ellos Lir, una chica pequeñita de pelo corto y rojizo, normalmente vestía pantalón y camisa, como si fuera un chico mas, pero esa noche se había puesto un vestido granate con adornos dorados, estaba preciosa- Espera un momento, voy a buscarla y le dices algo, ¿te parece?

Enrojeció de golpe y empezó a balbucear una respuesta coherente. Iv estalló en carcajadas y se alejó con las jarras de cerveza mientras le guiñaba un ojo.

-          Mira que puedes llegar a ser mono cuando te pones así.

Su risa se perdió entre el jolgorio de la multitud, el pueblo entero estaba en la playa celebrando el solsticio, no tenían nada que celebrar, pero su padre ya decía que cuando nada marchaba bien la gente cerraba los ojos y bebía otro trago.

El crepitar de la hoguera enmudecía por la música de los destartalados trovadores, sus notas alegres acompañaban la danza de ebrios y serenos por igual, aunque cada vez había menos de estos últimos.

Sería una noche muy larga, limpiando y sirviendo jarras, aguantando borrachos y encima no podría ir con sus amigos.  Pasó el  paño por el tablón que hacía de barra improvisada, más por hacer algo que por limpiar, pues ya estaba todo pegajoso y lo único que conseguía era distribuir más la mugre, abstraído en el proceso miró hacía la mesa donde quería estar. Jayce, Timothy, Alice, Wayne, Elyn y… ¿donde estaba Lir?

-          ¡Alelao¡ ¿Tienes para mucho rato? – Pese a llevar vestido y parecer una señorita, los modales de Lir seguían siendo los mismos. – Vamos a ir unos cuantos al torreón, a ver quién se cagan antes.

El torreón, una ana antigua edificación en lo alto de un peñasco desde donde se divisaba toda la bahía del pueblo. Años atrás un mago había vivido en el y gracias a el torreón había servido de faro, luego el mago desapareció, nadie supo los motivos, pero un día dejo de brillar. Desde entonces poca es la gente que se acercaba al torreón, y los pocos que lo habían hecho comentaban que estaba maldito, que una bestia mató al mago y que ahora merodeaba por los alrededores de la torre.

Nunca le había hecho gracia esa zona, pero tampoco le tenía miedo, simplemente, no quería arriesgarse a que fuera verdad. Pero de todos modos su padre no le dejaría salir de detrás la barra hasta que no quedase ni una gota de cerveza en los barriles.

-          Supongo que aún tardare, hay quien puede beber un poco más y el viejo no me va a dejar mientras pueda embolsarse algunas monedas más. Cuando acabe me vengo.

-          Bah, eres una nena! Tranquilo, mañana te regalo este vestido, te sentará muy bien – Le sonrío y se fue en pos del grupo. Se quedo mirando el bamboleo de los glúteos de Lir bajó el tejido carmesí al alejarse.

Exquisita imagen que lo dejaría embobado durante unos instantes, hasta que una colleja de su progenitor le hizo volver a la realidad y desfondar el siguiente barril.

Al grupo de trovadores se le unió un malabarista con sus bolas de colores bailando entre sus manos, cada vez mas gente estaba en el baile y menos en las mesas, cada vez se vaciaba más lentamente el barril y el cansancio arreciaba en Tonh mientras miraba el torreón y pensaba en ella.

La música cesó y los gritos llegaron, hendieron en la fiesta como un cuchillo corta la mantequilla, los ebrios parecieron recobrar la compostura y el poco ánimo festivo se desvaneció. Acaba de llegar Wayne y los demás corriendo, hablaban a trompicones, faltos de aliento y su cara estaba pálida a la luz del fuego. Tonh no llegó a escuchar la historia completa, solo que Lir se había caído por una grieta y que algo la había cogido, dejó el delantal y salió corriendo hacia el torreón.

A medida que subía la cuesta del peñasco le faltaba el aire, la luna apenas iluminaba el lugar, llegó hasta la base del torreón, la enorme estructura se alzaba imponente en la oscura noche, pero apenas le importaba, busco alrededor hasta dar con un agujero en el suelo, parecía dar a una cueva. Asomó la cabeza en su interior y gritó el nombre de Lir, pero solo obtuvo el eco de su voz como respuesta. Descendió como pudo y se encontró en una sala excavada en la roca, bajo la tenue luz que se filtraba del techo, vio un rastro que se internaba hacía el único túnel.

El ambiente era más húmedo y las paredes tenían algunos hongos y moho, siguió el rastro en el túnel el tiempo que pudo, pero pronto se vio sumido en la oscuridad. No sabía que hacía allí, tenía miedo, pero no podía volver atrás, no si Lir estaba allí.

Cuanto mas se internaba mas frío hacía y con la humedad empezaba a calarle los huesos, le empezaban a temblar las rodillas, pero no podría decir si era del miedo o del frío. No veía nada pero seguía avanzando guiándose por el recorrido de la pared, un ruido lo hizo parar. Una brisa traía sonidos como de vapor acompañados del chirriar de goznes y maquinaria mal engrasada y el ruido de pasos pesados sobre el duro suelo. Avanzó con cautela y pronto vio un resplandor iluminando lo que parecía el final del túnel.

Asomó la cabeza por la salida del túnel, se encontró con otra sala circular, esta vez no parecía estar esculpida en la roca, sino mas bien parecía el interior de un edifico, aunque poco podría ver con la poca luz disponible. Se sorprendió al ver la fuente de esa luz, una mole metálica se desplazaba en el interior de la sala, sus piezas tenían un conjunto de runas gravadas que emitían la luz. Algún tipo de engendro mecánico, ¿sería esta la bestia que habría matado al antiguo dueño del torreón?

En un extremo de la sala había un ventanal, donde se filtraría la luz del exterior si las cortinas no estuvieran corridas, y tendida en el suelo, bajo las cortinas, estaba Lir.

Solo pudo echarse al suelo y rodar cuando la mole embistió, estampó uno de sus brazos justo donde Tonh había estado situado. Piedrecitas y polvo cayeron sobre el mientras rodaba, moviéndose como podía para evitar el agarre de los inertes brazos. No tenía tiempo de pensar, en la agobiante oscuridad se guiaba por el brillo de las runas para evitar los golpes, mientras a su alrededor el suelo se hacía polvo bajo la presión y los golpes del autómata. No supo cuanto rato estuvo huyendo, pudo haber sido un minuto como una hora, pero su cuerpo no podía más, enfrente de él tenía a la mole, parecía observarlo desde un cristal rojo situado en el centro de su estructura,  ¿Así iba a acabar todo?

De repente se giró y el cristal alternó entre Lir y él, pareció decidirse por ella y empezó a avanzar. Tonh utilizó los últimos resquicios de fuerza que le quedaban para cernirse sobre la criatura, aporreó el cristal y la carcasa metálica con los puños desnudos, unos golpes sin pensar, histéricos, la manifestación de su impotencia al verse incapaz de salvarla a ella, había ido allí con la esperanza de ser el príncipe azul, el valeroso caballero de los cuentos y había acabado siendo un iluso, pero aun así no podía dejar de intentarlo todo, al menos moriría el antes que ella…

Siguió golpeando hasta que sus manos sangraron, su cara, bañada por las lágrimas, se salpico de rojo pero no cesó en su intento, cuando no pudo dar ni un golpe mas empezó a llorar apoyado en el que sería su verdugo, cerró los ojos y aguardó el momento.

Un momento que nunca llegó, la construcción cogió a Lir y la levantó, la ayudó a ponerse en pie. Sus ojos estaban bañados en lágrimas y miraba a Tonh de hito en hito

-          Esto ¿Esto es lo que sientes por mi? ¿Por eso siempre te cuesta tanto hablar conmigo? Oh, Tonh – Le abrazó y aunque hubiera querido contestar no habría podido, Lir hundió sus labios en los de el.

Tonh estaba confuso, no solo por la reacción de ella, sino por que la mole que lo había intentado matar seguía allí, aguardando, aunque no sabía bien a que, en ese momento tampoco le importaba, si iba a morir que fuera en los labios de Lir.

Cuando concluyó el beso, el automata había abierto una puerta y parecía indicar que lo siguieran. Se adentraron en otra sala, en su interior había una rosa situada en un pedestal, brillaba con un tenue destello.

Los engranajes chirriaron al recoger la flor y entregársela a ellos, cuando la sostuvieron entre los dos, el brillo de la flor cobró intensidad y, con ella, el resto de la torre, el manto de oscuridad que había cubierto el torreón fue cayendo. Por fuera la torre brilló como antaño, iluminó la bahía y los habitantes que aún recordaban esa época dieron las gracias a los dioses por devolverle la luz al pueblo.

La luz de la torre la generaba el amor que se profesaban dos personas, al morir la amante el mago cesó en su empeño por vivir y, al igual que la luz de la torre, su vida fue perdiendo brillo hasta que se apagó. Su último legado, un autómata que velaba por la rosa hasta la llegada de quién pudiera volver a traer la luz.

Esa noche el pueblo volvió a reír, aunque nadie se acercó al torreón, si lo hubieran hecho habrían escuchado la razón del brillo, el anhelo de tanto tiempo por fin desatado, gemidos bañados por la luz de sus sentimientos.


El autor dice:

Me pasa lo de siempre de lo que tengo en mi cabeza a lo que sale hay un trecho, en este además esta el añadido de acabarlo todo para sacarlo antes de las 12 de modo que no ha habido una segunda lectura y el sueño tambien ha influido(cosa que me haría falta para acabar de valorarlo), si alguien se lo ha leido espero que no haya sido muy pesado, como siempre digo, si tengo tiempo mirare de releerlo y ver si puedo pulirlo (aunque luego nunca lo haga).

Cualquier comentario será bien recibido, pero no os paseis demasiado *_* (ojitos de cordero “degollao”)

Tal como dije, parece ser que no puedo acabar de sacarle todo el brillo a mis ideas (nose si es porque hace cerca de un año que no escribia nada o por que no doy mas de mi), me da la sensación de tener buen material, pero que me es imposible acabar de plasmarlo en el relato, en un principio lo dejo así, puesto que por muchas vueltas que le de nose que hacer. Estare encantado de leer criticas y opiniones :)

Condiciones:

- La historia empieza durante un crimen
– Un personaje lee el diario de alguien
– Un personaje se vuelve contemplativo durante la historia
– Un personaje come algo que hacía tiempo que no comía

En el exterior el temporal seguía, el viento sacudía violentamente las ventanas cerradas y la lluvia golpeaba los cristales. Una figura solitaria sentada en su escritorio iluminada por par de velas mientras sus ojos recorrían las páginas de un cuaderno.

“La habitación estaba en silencio, me alzaba en un rincón mirando sin ver, los ojos perdidos en la oscuridad. No cabía en mí, sentía el cuerpo sedado, embotado de endorfinas y sumido en el éxtasis del momento. Mis manos,  cálidas, estaban temblando mientras la sangre que había en ellas se precipitaba gota a gota contra el cuerpo que yacía en el suelo.

Mire su rostro, sus ojos sin vida eran aún más hermosos con la mirada perdida en la inmensidad. Lentamente me agaché junto a ella y recorrí su rostro con los dedos, dejando un rastro de sangre allí por donde pasaban. Realmente era muy hermosa.”

Cerró el cuaderno y suspiró. Le costaba seguir leyendo, pero tampoco podía parar, así volvió a abrirlo y siguió leyendo

“Le besé en la frente, me senté a su lado y acabe de asimilar el momento, aunque lo mejor estaba por llegar. Una vez recuperado la levanté y me la llevé a la cocina, pronto sería hora de comer.

Tenía un sabor estupendo, desde luego las que tienen cara de amargadas saben mejor.”

Dejó el cuaderno, cogió una de las velas y fue a la cocina, abrió una lata de cerveza y puso a calentar un guiso en el fuego. Dio un sorbo y volvió al escritorio.

La siguiente página contenía una foto de una muchacha de pelo castaño recogido en un moño y gafas de pasta rojas leyendo unos libros. La foto era de poca calidad y parecía hecha desde la distancia, junto esta foto había otra de un plato de carne cortada a dados y bañada con una salsa de color ambarino y adornado con unas hojas de perejil, como pie de foto se leía: “Janice a la salsa de mostaza y miel”

Volvió a levantarse, se sentía inquieto, recorría la habitación de un lado a otro ¿Qué le había llevado a leer ese cuaderno? Tendría que haberlo tirado nada mas verlo, todo eso había quedado atrás, Jeremy había quedado atrás, se había deshecho de él y de todo cuanto tenía relación con él hacía tiempo. O eso creía, había encontrado el cuaderno entre un montón de papeles olvidados y ahora le era imposible deshacerse de él, los recuerdos afloraban y no podía negar la realidad.

Bebió otro trago y se levantó, apagó el fuego y se sirvió el guiso en un plato. Volvió al escritorio y se llevo una cucharada a la boca. Estaba al punto, la carne se deshacía en la boca y estaba tierna y jugosa, las especies se notaban pero solo adornaban el sabor no lo enmascaraban, le inundó una descarga de sabor. Mirando su reflejo en el cristal musitó

“Desde luego, las que tienen cara amargadas siempre saben mejor, buen provecho Jeremy”

Otros relatos con las mismas condiciones:

Guerra servil americana

Mantis

Cosas de chicas

Profesor

Nota Autor: Hacía mucho que no escribía nada y aunque  ha sido forzar un poco la “inspiración” tenía que publicar algo en el día de hoy :p

Espero que os haya gustado, seguramente algo ñoño, pero es lo que hay (en el fondo tengo corazoncito). Espero que disfruteis del dia y que sed felices!!!! FELIZ SANT JORDI 2011!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Recuerdos desde alemania!!!!


Ascendió la pequeña colina del acantilado, paseando lentamente, contemplando el paisaje mientras el sol se ocultaba en el horizonte y teñía el cielo de una mortecina aura rojiza. La hierba se iba curvando bajo sus zapatos de lino, irguiéndose de nuevo cuando sus pies abandonaban el lugar, dirigiéndose hacia el borde del abismo…

Se detuvo a escasos pasos del borde, con la mirada anhelante al horizonte, tal vez hoy sería el día. Una suave brisa arreció ondeando su capa de lana al viento y traspasando el suave tejido del vestido hasta acariciarle la piel, que respondió erizándose. Se arrebujo en la capa y siguió atentamente el ocaso del día dejando vagar sus pensamientos.

Desde que Arthur se había marchado se sentía vacía, su vida a su lado no era una gran maravilla, pero sus fuertes brazos, su carácter jovial y el afecto que le profesaba solo con mirarla hacían de su vida el mejor de los paraísos. De esto hacía algún tiempo, pero Arthur, su caballero, había partido con el estallido de la guerra de sucesión y ella se había quedado sola. Su trabajo al servicio de la duquesa le ayudaba a alejar sus pensamientos de quien se había llevado su corazón, pero al finalizar su jornada  se reencontraba con la realidad. Por eso se encontraba allí, en su colina, donde podía recordar el amargo adiós de su amado.

Cuando la oscuridad empezaba a engullir los últimos rayos de sol y apareció el centelleo de las primeras estrellas, una sombra cubrió sus ojos, una mano los cubría, y un suave cosquilleo, acompañado de un aroma dulzón, acarició su nariz. Estupefacta ante la súbita oscuridad inspiro tranquila y dejó que la embriagara el aroma floral, levanto su mano derecha y cogió la flor que tenía bajo su nariz, su otra mano busco a tientas tras su cabeza y rozó un rostro mal afeitado, sonrió. La mano ya no cubría sus ojos, pero los mantuvo cerrados, y descendió perfilando su contorno por el vestido hasta llegar a las caderas, entonces la mano avanzó y se entrelazo con la otra delante del ombligo de ella. El robusto caballero acerco el cuerpo de ella hacía el y apoyó sus labios en su suave cuello, besándola lentamente.

http://img146.imageshack.us/img146/4418/unled1ez.jpg

El cuerpo de ella se estremeció bajo sus fuertes brazos, ¡había anhelado tanto esa sensación!, reprimió el súbito impulso de girarse y abalanzarse sobre el, y dejo que los suaves besos prosiguieran. Era asombroso como alguien con un cuerpo tan tosco y robusto podía llegar a hacer caricias con tan sumo cuidado, era esa delicadeza lo que hacía que ella se rindiera en sus brazos. Su respiración se aceleró y lo que anteriormente le parecía una noche fría, ahora se le terciaba calurosa, disfruto del suave contacto de los labios en su piel y con su mano siguió acariciando la mejilla del hombre.

No podía mas, abrió los ojos y se giró, contemplando el rostro de Arthur. Había vuelto sano y salvo y se apreciaba en su mirada una profunda devoción, acompañada de la sonrisa tonta que un enamorado no sabe evitar. Se abalanzó sobre el derribándolo -algo que ningún combatiente había conseguido aún – y juntos rodaron por la ladeada pendiente de la colina riendo, fundiéndose en un profundo abrazo y cubriéndose de besos.

Los amantes se habían reencontrado.

 


p.d. espero presentar pronto la ultima parte del lago de la luna (espero!!)

2ndo reto aleatorio, tambien en 2 fases y esta vez sin segunda leída, pero como dije que lo colgaba este finde, es lo que hay xD (algo largo, pero me parece algo mas decente que el anterios, quiza la 2nda leida me haria verlo de manera distinta xD)

condiciones del reto:

- El agua debe aparecer como un elemento en la historia (no con metáforas o dobles sentidos, si no físicamente)
- Un personaje debe mirar por una ventana
- El/la protagonista debe tener una hermana religiosa
- El/la protagonista debe visitar a un doctor

Soplaba una fría brisa que elevaba las hojas secas, el aire me produjo un escalofrío que me recorrió toda la espalda. Estaba sentado en una mesa de picnic delante del estanque del parque, una de esas mesas que los domingos se llenan de familias felices que deciden pasar el día juntos, para estrechar los lazos entre ellos, unos lazos que hace tiempo que yo corté.

Ahora mismo estoy apurando las últimas caladas, acompañado de las tonalidades otoñales que empiezan a ofrecer los árboles. Un melancólico paisaje que abraza mi estado de ánimo y el frío me despeja la mente. Estoy solo, pero ahora mismo me siento bien, ¡muy bien! Pero esto es el final de la historia, quizá sería mejor empezar por el principio, aunque no se bien cuando empezó todo…

Por ese entonces vivía la vida sin vivirla, como quien coge el tren cada día para ir al trabajo de manera instintiva, siempre haciendo la misma ruta, sin pensar, sin variar, sencillamente seguía con mi vida. Veía las mismas caras en el trabajo, manteníamos las mismas conversaciones a cerca de temas que me importaban una mierda, tenía las mismas fantasías con la misma mujer del tren… Nada nuevo, cada día era como el anterior… y como el siguiente.

Un día lluvioso, uno de esos en que las gotas de agua son como pequeños kamikazes que se estrellan contra el cristal, sonó el teléfono. El tono de llamada retumbó en mi cabeza, me desperté en calzoncillos, tirado en el sofá, con los restos de la pizza de la noche anterior esparcidos por la colcha y mi cuerpo. Me daba asco, al igual que mi vida, pero no tenía los cojones necesarios para cambiar nada, yo mismo me había traído a este estado y aquí seguiría.

El teléfono seguía sonando.

Pegué un sorbo directamente de la botella que tenía encima de la mesa, una botella de ron que había abierto anoche y de la que ya solo quedaban un par de dedos. “Lo mejor para la resaca es volverse a emborrachar” decía mi padre, no se si es verdad, pero una vez vuelvo a estar borracho mi resaca no me parece tan grave…

Y el “ring ring” seguía martilleando mi cabeza, una y otra vez seguía sonando.

- ¿Si? – respondo de mala leche

- ¿Jason? ¿Puedes venir? Es urgente.

El dolor de cabeza no cesa, me aprieto la sien con los dedos. Eso me calma el dolor, me alivia. Un pequeño respiro.

- ¡Katherina! – mi hermana, una mujer que había llevado su vida como una bailarina profesional, elegante, estilizada y con una armonía que dejaban a uno pasmado, ella se deslizaba por la vida, fluía, se amoldaba y siempre salía adelante con una sonrisa.- ¿Qué ha pasado?

- Tu solo ven.

Colgué el teléfono y cogí la ropa que tenía mas a mano, ni siquiera me la olí si era de esta semana o de la anterior, no tenía tiempo, aunque… siendo sincero, tampoco me importaba la higiene.

Bajé las escaleras deprisa y corriendo, saltando los escalones de dos en dos y cuando llegué a la calle me faltaba el aire, era como si por mucho aire que tragara siempre me faltase un poquito más. Nada más salir por la puerta me acordé de mi santa madre, la lluvia me empapaba, me calaba los huesos, quizá tengo suerte y cojo una pulmonía –pensé. Crucé la calle en dirección al autobús y tomé asiento en la solitaria marquesina.   La lluvia había provocado una especie de neblina que cubría las calles, era como la tétrica ambientación de una película de zombis de serie B. Me encendí un cigarrillo, la primera calada me provocó un ataque de tos que parecía como si fuera a sacar los pulmones por la boca, o lo que quedase de ellos. Se me llenó la boca de mucosidad y, escupitajo, tras escupitajo, solté en el suelo una homogénea masa verde y viscosa que nada tenia que envidiar a la mascota de los cazafantasmas. Aún estaba escupiendo cuando, de entre la bruma, apareció el 38, mi bus.

Me subí de un saltito, para sortear lo mas rápido posible el tramo no cubierto entre la marquesina y la puerta.

Tiqui-click, hace la maquina cuando me valida el billete y miré alrededor, casi vacío, a excepción de 2 viejas con unas bolsas de plástico mojadas en la mano, que debían llevar en la cabeza por la calle, porque el resto del cuerpo lo tienen empapado. Cuchicheaban cuando pasé a su lado y me miraron con ademán de desprecio.

-          Aprovechen ahora a criticar, para el tiempo que les queda… – les dije muy amablemente y con una sonrisa de oreja a oreja – Buenos días reliquias.

Me alejé de ellas con un amasijo de insultos como banda sonora. Miré por la ventana sin apenas prestarles atención y vi las gotas estrellarse y formar carriles, de esos que se van uniendo unos con otros y se deslizaban cristal abajo. Una de las viejas siguió gritando un buen rato, “desperdicio social” y “paria”  es lo mas bonito que me llamó.

El autobús se paró ante un edificio blanco de formas muy rectas, desde fuera parece un lugar aburrido, y dentro no mejora mucho mas, es el hospital. Nada mas entrar me fui a la cuarta planta del ala izquierda, es donde almacenan a los enfermos terminales, donde los productos esperan a caducarse y que sean lanzados, donde aguardaba mi madre. Llevaba bastantes meses allí, nadie sabía que tenía, ella permanecía intubada, una sombra de lo que en su día fue una mujer vigorosa y alegre, el envoltorio de un producto de gran calidad ahora caducado.

Cuando se abrieron las puertas del ascensor, mi hermana estaba sentada en una silla, aferrando algo entre sus manos y murmurando. Tenía los nudillos blancos de la fuerza que ejercía, estaba rezando un rosario. Es su único defecto, su devoción por el de arriba, devoción por alguien que si existe, esta arriba sentado cambiando de canal disfrutando de las desgracias ajenas mientras se toma una cerveza y unas palomitas, y solo por este detalle se me hace imposible estar con ella, una gran mujer, alguien que podría conseguir grandes cosas por sus propios méritos mermada por la religiosidad, otro producto que permanecerá en su estante.

Cuando el sonido del ascensor la alerta de que se abren las puertas levanta la visa, me mira con unos ojos vidriosos y enrojecidos, había llorado. Sin mediar palabra se levanta y me abrazó. Le devolví el abrazo, la estreché entre mis brazos. Su llanto estalló, enmudecido por mi ropa, derramó lágrimas que absorbió mi chaqueta mojada, en unos minutos se recompuso.

-          ¿Ya ha sucedido? – ella negó con la cabeza – y entonces, ¿Qué pasa?

Volvió a llorar.

-          Al final lo hemos encontrado – El doctor me mira por encima de sus gafas mientras ojea unos papeles que lleva en sus manos – El problema es que como mucho le quedan dos meses de vida. Por cierto, quiere hablar con usted.

Entré en la habitación del hospital, solo estaba mi madre y cerré la puerta. Os ahorraré la conversación, pero resumiendo, mi madre me pidió que fuera feliz, que dejase de avanzar por la vida y que empezara a vivirla, su sueño – me dijo – era verme feliz, que siempre había creído que siempre me había faltado algo, que mis sonrisas nunca fueron del todo sinceras y que en mi corazón siempre vio un vacío que nunca supo como llenar. Me sorprendió en ese momento, toda mi vida me había sentido así, pero nunca había pensado que alguien se hubiese fijado. Su sinceridad me conmovió, fue un momento que no olvidaré.

Las semanas siguientes intente asearme mas, ser mas cuidadoso cuando la visitaba e incluso conocí a una enfermera que atendía a mi madre. Según mi madre necesitaba una mujer para romper mi monotonía, alguien con quien poder hablar, abrirme y ser yo mismo, necesitaba compañía para salir del pozo, a alguien que me ofreciera una razón mas para seguir adelante y no el simple hecho de avanzar porque no había otra opción. En ese momento me parecían chorradas, pero si así mi madre iba a ser feliz, podría fingir tener necesidades normales durante dos meses…

Al principió todo fue fingir, actuar como mi madre esperaba, pero un día me sorprendí yendo hacia el hospital mientras imaginaba el rostro de Judy, la enfermera, en el cristal de la ventana y mi corazón se aceleraba. De esto hace ya varios años, unos 6 para ser exactos, hace 4 años nos casamos y mi madre asistió a la boda, se recupero a medida que yo encontraba la ilusión por seguir adelante. Nadie lo entendió, ni yo, ni los médicos, solo mi hermana que decía que dios había escuchado sus plegarias y nos había devuelto a nuestra madre.

Y ahora estoy en el parque, lanzo el cigarrillo al suelo y con la punta de mi bota lo apago. Unas silueta se acerca corriendo y cantando, mi hijo, se me lanza a los brazos y lo alzo mientras lo hago girar, ver su sonrisa me hace pensar que valió la pena tantos años vacíos de emoción si he llegado hasta aquí. Tras el esta Judy, mi preciosa y bella mujer, la razón de mi sonrisa cada mañana, la abrazo y la beso.

Ella fue quien me hizo ver que cualquier lugar puede ser el paraíso si tienes la voluntad de vivir en el.

 

 

el resto de relatos:

Juanmi: Vida cubica

 

Calden: Diario de un paranoico

 

Chus : Aldea global

 

 

 

 

Reto aleatorio #1 “La Purga”

Nota aclaratoria: He de reconocer que no me convence, lo he alargado demasiado pq no sabía como llegar al final, pero como dije que hoy lo publicaba, pues aqui lo dejo! He intentado hacer algo distinto, pero quiza se aleja demasiado de lo que estoy acostumbrado como para que salga fluído. En fín,  a lo hecho, pecho! Aqui os lo dejo!

P. N. Además no me he revisao la 2nda mitad, así que si hay errores comunicadmelo xDD

RETO:
-Acaba en una sala de estar
-Hay una discusión
-Debe involucrar a un campeón al final
-Durante la historia, un personaje encuentra una agradable sorpresa

Caminó por mi ciudad, un agujero lleno de mierda, donde lo mas decadente de la sociedad humana se concentra y se masturba mirándose a si misma en el espejo, el resultado del gozo que muestran ante su propia indecencia. Un asqueroso nido de desesperación, donde yonkis matan por un chute mas que les haga olvidar su asquerosa vida por unas horas, donde madres esperan en las esquinas en busca de algún cliente para conseguir que, su hijo, un futuro paria de esta sociedad, pueda llevarse algo de comer a la boca. Si señores, esta mierda es MI ciudad y por eso alguien tiene que limpiarla.

Soy Cer, miembro de “protección y seguridad”. Somos la revolución ciudadana en persona, somos el antídoto a esta enfermedad que consume nuestro hogar, a esta putrefacción que nos estropea, que cubre de negro nuestro cielo azul, la manzana podrida del cesto que jode al resto. Ya es hora que alguien coja la escoba y empiece a barrer, y ¿sabéis que? Hoy me apetece limpiar.

Delante mío hay un vagabundo tirado entre un montón de mierda, aunque apenas puedo distinguirlo de las bolsas de basura, en sus manos hay un paquete de tabaco, envuelto aún en su plástico. Supongo que iba a abrirlo antes que le diese el chungazo por sobredosis o alimentarse de mierda o yo que se, ni siquiera me importa su puta vida, pero me arrodillo a su lado y cojo el tabaco, me lo quedo. Esa caricatura de ser humano no tiene derecho a el. Tiene suerte que voy con prisa y no puedo desperdiciar mi tiempo arreglándole la cara. Abro el paquete y me enciendo un pitillo. Joder, el imbécil se daba sus lujos, es una buena marca. ¿Veis? a esto me refiero, duerme revolcándose en su mierda y la de sus vecinos, se alimenta de los restos enmohecidos que encuentra en los contenedores, pero fuma la marca mas jodidamente cara del mercado. Son escoria y nosotros somos los barrenderos.

Silbando una alegre tonadilla llego a mi destino. Le doy una calada al cigarro, golpeo tres veces la puerta y una rendija se abre. Unos ojos rojos acompañados de unas ojeras me responden.

-…¿Si? – pregunta la voz demacrada por el exceso de tabaco, alcohol y una infinidad de mierdas que ni siquiera el camello mas grande de la ciudad podría enumerar.

- ¡¡OLIVER!! Maldito yonki de mierda, ábreme de una puta vez o te reviento la cara a ostias y luego aprovecho para cagarme en tu puto cerebro de troglodita!.

El chirrido de unas bisagras oxidadas y sin engrasar me da la bienvenida, y en la oscuridad la penosa figura cabizbaja de Oliver se ofrece a cogerme la chaqueta.  Reconozco que me encanta, me encanta ver como se inclina ante mí, adoro el olor a miedo que supuran todos sus poros e incluso adoro cuando llora, ¡Oh,  dios! Es el subidón que necesito.

- Ni me toques – le digo tajantemente mientras sus manos se congelan a unos centímetros de tocar mi chaqueta. Apoyo una mano sobre su pecho y lo lanzo contra la pared – ¡Apártate!

Me adentro en el oscuro pasillo, hay bastante humedad y se oye  el goteo de alguna de las tuberías que salen de la pared. Apuro las últimas caladas y lanzo el pitillo a la oscuridad. A medida que avanzo en el corredor diviso una línea de luz bajo una puerta, la abro y cierro de golpe tras pasar. Oír como  Oliver se estrella contra la puerta me hace sonreír.

Tras el golpe, una sonora carcajada de la inmensa mole que se encuentra sentado en una silla y con los pies en la mesa. Se llama algo así como Akne o Ukelele o yo que sé! Aquí todos le llamamos “Toro”.  Es un puto negro de dos metros por dos metros, con un brazo que es dos veces tu jodida cabeza, ¡un puto animal! El cabronazo es una máquina, parte caras como quien respira y cuando se cabrea… buah, solo de recordarlo ya me pongo cachondo.

-          Toro, ¿que pasa tío?, ¿Dónde coño está el resto?

-          Otros irse, tu has tardao musho – me contesta y se queda con la boca medio abierta mirando, si no lo conociese diría que esta colocado.

Es un puto máquina luchando, pero he visto piedras con más luces que el. Si no queda nadie mas, significa que será mi compañero de ronda.

-          Entonces ¿nos vamos? – El bobalicón asiente y se levanta – Yo cojo el bate metálico, tu pilla lo que te apetezca.

Toro sonríe y saca de su bolsillo unos puños americanos, la verdad es que no necesita nada más. Salimos a la calle y empezamos la ronda. Tras unos largos 20 minutos dando vueltas, veo al “Loco”, un buen tío, hasta que se jodió la vida. Era un buen colega, un tío legal hasta que se lío con las drogas, ahora es uno de los camellos del barrio.

Le doy a Toro sus instrucciones y cruzo la acera en dirección al Loco. Parece que las drogas no lo han destrozado del todo, pues parece reconocerme.

-          Hey, Loco! ¿Que tal tío? – Sus ojos enrojecidos y con unas ojeras que ni un mapache expresan lo que podría ser una muestra de sorpresa, eso o un grano en el culo. Una sonrisa se dibuja en su rostro dejando ver que le faltan la mitad de dientes y los que aún se mantienen están amarillentos y llenos de mierda.

-          ¿Cer? ¿Eres tú? Desde el insti que no te veía!

El instituto, otra basura, un modelo a escala pequeña de la decadencia de esta ciudad. Lo único bueno eran las peleas con el Loco, que recuerdos, nos pegábamos lo suyo, aunque era solo hasta primera sangre. Llevábamos la cuenta y al final del semana el perdedor pagaba una ronda de cerveza. Esos tiempos inocentes. Aún recuerdo esa mirada llena de energía, esa sonrisa mientras pensaba como me iba a patear el culo, cuando se retorcía de dolor bajo mis puños, esos tiempos en los que el estaba vivo.

Maldita sea, ¡joder! Ahora es la sombra de un hombre, sus ojos no pueden ni mantener la mirada centrada, se ríe como un gilipoyas mientras mira al vacío y se tambalea, esforzándose por mantenerse en pie.

-          Tio, das pena… Apenas te reconozco – Ni siquiera logro captar reacción alguna a mis palabras, se ha ido, este no es mi colega, a esta cosa yo no la conozco.

-          Relájate Cer, que no estoy tan mal. Solo que he tenido un viaje chungo. – Empieza a rebuscar entre sus bolsillos – Como eres colega te voy a dejar probar esto, corre cuenta de la casa

Cojo la bolsa de mierda y la lanzo al suelo

-          ¿POR QUIÉN ME TOMAS? ¡Yo no formo parte de la escoria como tu!, Maldito bastardo – escupo – Y pensar que un día fuimos colegas.

-          Tranquilízate, eh! Te veo estresado – se agacha y recoge la bolsa- No te limites tanto, prueba un poco, seguro que lo ves todo distinto. Va no te enfades

Me rodea con el brazo, se me empiezan a hinchar las pelotas. Estoy hablando con un tumor de esta ciudad, el encargado de ir produciendo mas metástasis en el barrio, y lo mas jodido, antes era mi colega.

-          No me toques – murmuro con un hilillo de voz. Tengo que controlarme o esto acabara mal. Pero no me hace caso, sigue tocándome y diciéndome que lo que se mete no es malo, que es lo que le da la chispa a su vida – Te he dicho… ¡¡¡QUE NO ME TOQUES!!!

Le estampo mi puño derecho en su maldita cara. Ahora yace tendido en el suelo. Rápidamente le ayudo a levantarse, un hilillo de sangre le cae de la nariz.

-          Mierda tío!, lo siento, no quería, me he descontrolado – Me duele la mano, le he dado demasiad fuerte. – De verás, lo siento, pero estabas tocando mucho los huevos… Quizás tengas razón, déjame probar eso que traías.

El Loco se levanta y se ríe, ¡se ríe! Pasándose el puño por el hilillo de sangre, me mira sonriendo, al parecer,  aún queda algo de mi amigo.

-          Va no pasa nada, vayamos a ese callejón.

Mis pasos van tras él, y empiezo a sonreír. Viejos recuerdos vienen a mi mente, curioso día para los sentimentalismos. El callejón esta oscuro y el Loco apenas se fija en lo que le rodea, se sienta y empieza a sacar el material. Una mano me tiende un bate y , de entre las sombras, aparece el Toro.

-          Esto es cosa mía – Susurro. Y la inmensa mole vuelve a la oscuridad. – Loco, lo siento.

Un sonoro golpe metálico y el crujir de un cráneo. La ciudad esta algo más limpia, y no me alegro. Limpio la sangre y seguimos la ruta, pero hoy es distinto, no me siento bien.

Cuando acabamos, vuelvo a mi casa. Me tumbo en la sala de estar y alzo una cerveza.

- Por ti Loco, al final el campeón he sido yo!

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